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AUTOESTIMA COLECTIVA

Todas las mujeres no somos iguales

Las Mujeres solo somos iguales respecto del trato y consideración que recibimos de la Sociedad, compartimos unas consecuencias idénticas derivadas del modelo social que pretende inmovilizarnos e impedir nuestra emancipación definitiva, nuestra mayoría de edad, para así evitar enfrentarse a la responsabilidad de controlar sus propias vidas y asumir de una forma adulta y efectiva las ventajas e inconvenientes de vivir en igualdad.

Trabajando con Mujeres del “medio rural” de la Comunidad de Madrid, escuchándolas defender sus ideas, observando el efecto que sobre ellas tenía aquel material tan bien preparado, aunque no fuera de su área inmediata de interés, se me ocurrió que tal vez deberíamos aplicarnos, las Mujeres como grupo humano sometido a un mismo modelo interesado, las leyes que deben seguirse para conseguir vivir sin tener que pedir perdón por cada acto de afirmación, sin ahogarnos en la agonía y el miedo cada vez que nos negamos a ser tratadas con desconsideración, sin necesitar justificarnos cada vez que hacemos algo que está bien para nosotras aunque al resto no acabe de gustarle.

Las Leyes de las que hablo son las de una buena
AUTOESTIMA.

Dicen las mencionadas leyes, que es requisito previo para conseguir vivir sin miedo ni fantasmas, tener un conocimiento honesto de una misma.

Trasladado al contexto de lo colectivo, es fácil deducir que uno de nuestros primeros objetivos debería ser tratar de establecer las condiciones comunes a la vida de las Mujeres a la vez que desechamos prejuicios y creencias que mantienen la enemistad entre nosotras.

La segunda recomendación nos dice que debemos
aceptar serenamente lo que somos.

Varias son las acepciones que el diccionario le dedica a la palabra serenidad. De entre todas, la que mejor se ajusta a lo que necesitamos es la que alude a un ambiente despejado, no contaminado, “libre de nubes”. O lo que es lo mismo, debemos aceptar de una forma sosegada, para mejor diseñar soluciones, la posición que la sociedad nos adjudica y las posibilidades de modificar esta situación desde el respeto a nuestras necesidades e intereses.

En tercer lugar nos avisan de la importancia, para la emancipación, de
tener la responsabilidad de la propia vida.

Yo creo que si, que ya llegó el momento de abandonar costumbres arcaicas y dejar que sean otros los que decidan constantemente lo que debemos hacer, decir, pensar, amar, incluso comer. No alcanzaremos realmente nuestra independencia mientras sigamos aceptando leyes, normas y recomendaciones que han sido pensadas e impuestas por aquellos que no son nosotras y nunca nos preguntaron.

Y para terminar, debemos
tratarnos de una forma amable y comprensiva.

Aparte de que esta es una verdad de las llamadas de “ perogrullo “, sinceramente creo que todas nosotras sabemos de las dificultades reales de las Mujeres para conseguir sobrevivir sintiéndonos anuladas en lo personal merced a la manipulación que se ha hecho de lo colectivo.

Decía al principio que las Mujeres como individuos somos únicas, irrepetibles e insustituibles. Como tal también estamos sometidas a muchas influencias y circunstancias que han marcado definitivamente nuestras posibilidades de comprensión y de acción concreta.

Cuando una causa nos parece justa, no nos paramos nunca a pensar en las individualidades que conforman esa causa.

No perdamos de vista nuestra causa, que hoy por hoy es una de las más necesitada de apoyos incondicionales, aunque solo sea porque estamos hablando de más de la mitad de la población mundial.


m.d. chillida y aparicio
Mayo del 97

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